Charlestón: el baile de los felices años 20

Con mucha diferencia Charlestón: el baile de los felices años 20 es nuestra entrada más visitada hasta hoy. Por ello, un buen día nos dijimos “¡Viva el charlestón!” y publicamos otra dedicada a est…

Origen: Charlestón: el baile de los felices años 20

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Pequeño –pero sentido- homenaje a Manuel Otero Toral

Valladolid, rutas y paisajes

En la entrada anterior contaba cómo había descubierto la fuente los Villares y mi asombro ante su hermosa estampa en lugar tan apropiado para ella… Buscando por ahí –o sea, por internet- descubrí que en el término de Toro había ¡más de 100 fuentes! que habían sido estudiadas por Manuel Otero –a quien por desgracia no tengo el gusto de conocer- y que había escrito un libro sobre ellas denominado Caminos de las fuentes. Rutas para conocer las viejas fuentes del término de Toro, que no encontré, pero había escrito otro –Fuentes rurales del término de Toro- que sí encontré donde amablemente me dijo Cándido Ruiz, de la Asociación Cultural de Toro.

Fuente de Valdelaoliva o de Nicomedes Fuente de Valdelaoliva o de Nicomedes

Cuando el libro llegó a mis manos pude comprobar que el autor las había estudiado no a fondo, sino muy a fondo, pues comentaba su situación, historia, utilidad…

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Campos ondulados, casas de labranza, fuentes y tudas

Valladolid, rutas y paisajes

6 febero 017

Esta vez el paseo lo damos por la comarca que se extiende entre Villafranca de Duero y Villabuena del Puente. El paisaje es de tesos alargados e irregulares o con forma mambla o de cuesta redonda. No hay valles claros, ni terrenos llanos. Todo es un continuo sube y baja desde el Duero a la Guareña con altitudes que van desde los 640 metros en la desembocadura de este último a los 820 de algunos cerros, o sea, 150 de desnivel, como en nuestros páramo y ríos más próximos.

Antaño este territorio estuvo dedicado a la agricultura y ganadería. Hoy queda algún monte en el que pastan ovejas, pero la inmensa mayoría son amplios terrenos destinados a la agricultura extensiva con riego mediante máquinas por aspersión tipo pívot que ya forman parte del paisaje. Los caminos son pistas trazadas por ingenieros en su estudio: rectos, cruzan de un punto…

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Pesqueruela (2)

Valladolid, rutas y paisajes

Así estaba de revuelto el día; había dejado de llover un poco antes Así estaba de revuelto el día; poco antes había dejado de llover

Los ríos vienen crecidos y los caminos están embarrados. Tenemos por delante una jornadas estupendas para contemplar la bravura de nuestras aguas, habitualmente mansas o reducidas a la mínima expresión por el estiaje. Los caminos no están impracticables: salvo que nos aventuremos por sendas secundarias del páramo o Tierra de Campos, no tendremos excesivos problemas. Los muchos terrenos de grava o arena son ideales para rodar en épocas lluviosas.

Salto del Pisierga poco antes de la desembocadura Salto del Pisuerga antes de la desembocadura

Ayer tarde, yendo a la confluencia del Pisuerga con el Duero, poco antes de llegar me tuve que bajar de la bici en dos ocasiones no porque se pegara el barro sino porque patinaban las ruedas. Claro que, a la vuelta, más relajado y con el viento de espalda, no puse pie a tierra en ningún momento. Y había el mismo barro.

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La Peña

Precioso reportaje y maravillosas fotografías

Valladolid, rutas y paisajes

La pesquera, que dirige el agua hacia las aceñas La pesquera, que eleva y dirige el agua hacia las aceñas

Los ríos y arroyos suelen crear lugares apacibles, poéticos e incluso mágicos, ideales para descansar tras una semana de duro trabajo. Los clásicos bien lo expresaron:

Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo

Uno de esos lugares, uno de los muchos que tenemos aquí, está en la Peña, a unos 3 kilómetros de Tordesillas siguiendo el Duero aguas arriba por la orilla izquierda. Hoy nos encontramos las ruinas de unas aceñas, industrioso castillo que trasformaba el grano en harina; también tenemos una perdida playa de cantos rodados a la sombra de álamos enormes. Allí, ante la fuerza de la corriente del Duero y ocultos entre los altos árboles podemos ser espectadores que pasamos desapercibidos ante el discurrir del Duero. Sólo tenemos que escuchar el murmullo de las aguas…

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Valladolid La mirada